SAN ISIDORO

San Isidoro Obispo 3San Isidoro de Sevilla nació, al parecer el año 560 en Cartagena y murió en Sevilla un 4 de abril del año 636 siendo Arzobispo de Sevilla, cargo que desempeñó durante más de tres décadas. Entre los investigadores es considerado como el último nexo con el mundo antiguo. San Isidoro, en y desde la Diócesis Hispalense, pronto se convirtió en una estrella que resplandecía por sus buenas obras, por la profundidad su predicación, por su diligente acción pastoral, por su inmensa cultura y por sus profundas obras. Fue la luz que tornaba claro y sencillo los oscuros pasajes de las Sagradas Escrituras y mostraba el calor de su celo apostólico con el que alumbraba y enseñaba la doctrina de la Iglesia.

Sus padres Severiano y Teodora se vieron obligados a dejar las tierras de Levante ante la invasión bizantina. En las orillas del Betis -el río Guadalquivir- una vez asentada la familia, su madre abrazó el catolicismo. Sus  cuatro hermanos -él era el tercero- Leandro, antecesor suyo en la sede de Sevilla, Fulgencio obispo de Cartagena y Écija y Florentina que fue abadesa en muchos monasterios, fueron canonizados y forman lo que se llama como los Cuatro Santos de Cartagena. San Isidoro fue hijo y hermano de grandes personajes de la Iglesia y del Reino Visigodo. A esta condición social y familiar unió su sabiduría, prudencia, capacidad de trabajo y santidad formando a un hombre irrepetible y excepcional.

Comenzó su formación estudiando las primeras letras bajo la custodia y supervisión de su hermano Leandro, en la escuela catedralicia. Allí aprendió latín, griego y hebreo, leyó a San Agustín y a San Gregorio Magno, matemáticas, filosofía y teología, para sus biógrafos “era tanta la sutileza clarísima de su ingenio en comprender y la suave elegancia de sus palabras en explicar, que todos le oían con admiración, le buscaban con ansías, amable ternura y cada le deseaba suyo”. A pesar de que estas cualidades naturales le permitían aprender con facilidad, siempre aspiraba y se esforzaba por saber más y ayudar a otros a aprender. Se hizo religioso de la misma orden que Leandro.

Comenzó su formación en la escuela de la Catedral de Sevilla donde estudio las materias correspondientes al trivium y al quadrivium, así como lo que hoy conocemos como artes liberales. Además aprendió las lenguas clásicas Latín, Griego y Hebreo.

Isidoro se preparó intensamente para recibir la ordenación sacerdotal, que exigía en aquellos años contar con treinta años cumplidos para ser presbítero. Isidoro compaginó su tarea pastoral como nuevo sacerdote con su actividad intelectual recogiendo documentos, coleccionando libros, hacer estudios sobre el Salterio y la Biblia. Fue adquiriendo fama de sabio y pastor al mismo tiempo. Su actividad como estudioso de las Escrituras, de la Teología, la Filosofía y todas la ciencias, se vio bruscamente truncada cuando Leandro murió con fama de santidad dejando huérfana a la sede episcopal Hispalense.

San Isidoro y San LeandroTras la muerte de su hermano Leandro el 13 de marzo del año 600, San Isidoro fue proclamado y elevado a la Sede Episcopal de Sevilla. Luchó contra la herejía arriana, protegió a los monasterios, participó en la vida pública como consejero de reyes y príncipes, o como organizador y promotor de los Concilios donde se establecían las leyes del reino, así mostró su deseo de servir al Reino Visigodo con su sabio y prudente consejo. Mantuvo una estricta disciplina eclesiástica en su Sede y formó a otros grandes obispos.

Al tomar posesión como metropolitano de Sevilla emprendió la organización de las iglesias y promulgó los decretos de los Concilios celebrados en Sevilla los años 619 y 625. En el primero se trataron varios puntos relativos a las iglesias sufragáneas, que eran las diócesis que dependían de la Archidiócesis de Sevilla, el régimen de vida de los monjes y mojas de los monasterios establecidos y fundados en la provincia Bética, la dirección espiritual de las vírgenes consagradas o de las religiosas y, finalmente, aunque no menos importante, la extirpación de las herejías que seguían vivas como monstruo de varias cabezas y que había llenado de dolor y sangre el Reino Visigodo. Las actas muestran que San Isidoro era un pastor celoso por mantener la rectitud moral, doctrinal y espiritual de los fieles. Pero también manifestó poseer unas grandes cualidades como organizador.

Además, como han estudiado importantes investigadores, dirigió la vida religiosa de toda España y, también, se ocupó de aspectos relativos a la vida política, por ejemplo, trabajó duramente en la codificación de textos legales para que en ellos apareciera con claridad que el derecho está al servicio y es manifestación de la justicia, que es, primariamente, una virtud moral necesaria para construir la convivencia social. Y, siguiendo la estela de su hermano, mantuvo las escuelas catedralicias para fomentar la instrucción y la formación de los nuevas generaciones bien se orientaran al sacerdocio, o bien quisieran desarrollar su vida en la sociedad aportando todo su saber y formación en la mejora del Reino.

Son Isidoro obispoDesde que asumió la responsabilidad de obispo de Sevilla hasta el día de su muerte, los acontecimientos de toda su vida estuvieron unidos estrechamente a su obra, a sus desvelos y a sus intereses. No hay manifestación alguna de la vida en el Reino Visigodo del siglo VII en la que San Isidoro no dejara una huella profunda y permanente, hasta el punto que podemos afirmar que la Providencia Divina puso a este prelado al frente de la iglesia para afirmar y afianzar la verdadera fe cristiana tras unos años de luchas religiosas y difusión de la herejía fomentada desde el poder político.

Lo que más ha llamado la atención de todas las generaciones ha sido la amplitud y la profundidad de sus conocimientos. Fue un sabio conocedor de todas las ciencias, lleno de gracia, elocuencia y capacidad para escribirlas, exponerlas y enseñarlas. Pero, además, fue ejemplar Arzobispo porque siempre estuvo atento a mantener rectitud doctrinal, a orientar a las almas, a legislar tanto para la vida diocesana como la monástica, fue maestro y consejero de príncipes y reyes. Se puede considerar primado porque asumió la tarea de guiar a todos con sus dictámenes, presidiendo concilios y consistorios. Ejerció como patrón porque protegió a todos los cristianos de los peligros espirituales y doctrinales que les acechaban. Y, en fin, es doctor, esto es más que sabio porque enseñó y difundió en sus escritos la recta doctrina ilustrando, informando y dando nueva vida a todo género de saber y enseñanza subordinada la salvación de las almas, al desarrollo de su patria y al fortalecimiento de la Iglesia.

San Isidoro Obispo 5-EtimologiasVivió el momento de la desintegración de la cultura clásica. Los años que durante mucho tiempo se conocieron como oscuros, negros. Fueron tiempos de violencia y de ignorancia, en los que se desintegró la cultura clásica. Ante tanta ignorancia San Isidoro no podía tener una actitud pasiva. Trató de compilar todo el saber clásico en una enciclopedia que facilitara su aprendizaje y fuera fácil de consultar. Gracias a él, y a sus obras como Las Etimologías, hemos conservados muchos fragmentos de la cultura clásica que se hubieran perdido.

San Isidoro murió el 4 de abril del año 636. El Concilio VIII de Toledo, celebrado en el año 653, proclamó que era “doctor esclarecido de aquel siglo, supremo ornato de la Iglesia Católica, sapientísimo entre los sabios y digno de que su nombre se pronuncie con reverencia”. A pesar de sus muchas ocupaciones pastorales, el santo obispo desplegó una actividad literaria tan grande, que no pudo igualar ningún coetáneo.

Hace 950 años, en el 1063, sus restos fueron trasladado de Sevilla a León y desde entonces permanecen en la Real Colegiata que lleva su nombre, siendo venerado por el pueblo leonés desde hace casi un milenio.

Salvador Rus Rufino

 

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